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David George Haskell, el observador paciente.

David George Haskell, el observador paciente.

David Haskell, no es un monje, ni un místico, sino un profesor de biología en una universidad de Tennessee. Su proyecto es simultáneamente espiritual, literario, científico. Quiere continuar la tradición del retiro contemplativo en la naturaleza, inspirado por los meditadores taoístas y budistas y también por el ejemplo americano de Thoreau. Quiere aplicar el método de la observación empírica ciñéndose a un campo experimental muy limitado:

cómo es la vida orgánica en el suelo de un bosque, la trama visible e invisible en la que participan los insectos, las hojas de los árboles, los pájaros, los gusanos, los líquenes, las ardillas, la claridad solar que dispara en cada hoja el mecanismo secreto de la fotosíntesis, el viento, la lluvia, la nieve.

Y quiere contar todo lo que ve y explicarlo a la luz de todo lo que sabe, y también dejar testimonio de sus espacios en blanco y sus incertidumbres, y del efecto emocional que el hábito de acudir al bosque cada día va teniendo sobre él.

David George Haskell es un observador paciente. En el transcurso de un año estuvo examinando un único metro cuadrado de un bosque de Sewanee, en Tennessees. Aquellas observaciones, a medio camino entre el diario íntimo y la divulgación científica, fueron el germen de su primer libro, ‘En un metro de bosque’, que fue finalista del premio Pulitzer de 2013. Ahora Haskell utiliza sus dotes de análisis y percepción para describir en su nueva obra ‘Las canciones de los árboles‘ (Ed. Turner)

no solo a los árboles como individuos, sino también sus conexiones con las redes biológicas que los rodean y los sonidos que surgen de estas interacciones.

Desde un escarabajo masticando el interior de un árbol muerto hasta las olas que bañan las raíces de una palmera, la naturaleza habla constantemente, por encima o bajo tierra, utilizando sonidos, olores, señales y vibraciones.

El lenguaje de las plantas no es ni mucho menos un concepto de Haskell, sino que es una clara referencia a los estudios de la profesora de Ecología Forestal Suzanne Simard, quien saltó a la fama gracias a una charla TED de 2016 titulada ‘Cómo los árboles se comunican entre sí‘. Su investigación demuestra que debajo de la tierra hay vastas redes de raíces y hongos que mueven el agua, el carbono y los nutrientes entre los árboles de todas las especies, como si fuese un solo organismo. Estas redes simbióticas imitan las neuronales y sociales del ser humano. Y, al contrario de lo que uno podría pensar, hay mucha cooperación entre especies y no tanta competencia.

Sin duda, esta manera de abordar la naturaleza ha abierto los ojos de Haskell, cuyas investigaciones se sustentan también en el trabajo anterior del alemán Peter Wohlleben, que publicó ‘La vida secreta de los árboles‘ sobre las relaciones de cooperación y convivencia de los organismos vegetales. “Lo que más me ha sorprendido es su sociabilidad. Un día dí con un tronco viejo de 400 o 500 años que, aunque sin hojas verdes, seguía vivo. La única explicación era que estaba siendo apoyado por los árboles vecinos. Como ingeniero forestal, aprendí que son competidores y que luchan entre sí por la luz y el espacio. Allí ví todo lo contrario: están muy interesados en mantener vivos a los miembros de la comunidad”, confesó en una entrevista a ‘The Guardian‘.

Este y otros muchos descubrimientos invitan a escuchar, asistir y reflexionar sobre todo lo que nos rodea. En palabras del biólogo Haskell: “Sal fuera. No vayas a un lugar especial, vale con que salgas tu barrio. Abre tus oídos y percibe los sonidos de tu alrededor”.

 

fuente: https://www.elconfidencial.com/


#GreenStyle #VidaEnVerde

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